Mentime que te estoy mirando

“Mentime que te estoy mirando”

 

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Una cronista participó de un curso para detectar las microexpresiones faciales que indican emociones que quieren ocultarse: el sistema es similar al de la serie Lie to me

Por: Soledad Vallejos. Diario La Nación | 11/07/15

Voy a capacitarme, asistiré a un curso exprés que promete darme algunas de las herramientas para reconocer mentirosos, para saber si detrás de lo que yo veo como una simple sonrisa se esconde un gesto de desprecio; para identificar si alguien siente asco, ira, miedo o tristeza a pesar de que con su discurso quiera hacerme creer todo lo contrario. No suena nada mal. Periodista y lectora de microexpresiones faciales. ¿Cómo es eso?, preguntaron en casa.

Las microexpresiones faciales son siete: felicidad, tristeza, asco, desprecio, ira, sorpresa y miedo. Tienen apenas medio segundo de duración, o menos, y esconden una emoción real. Son tan repentinas como un flash y aparecen en la cara de nuestro interlocutor sin que la mayoría de las veces lleguemos a darnos cuenta. Sucede todo el tiempo, y son esos movimientos involuntarios los que suelen expresar las emociones que realmente sentimos más allá de las palabras.

La serie televisiva, creada por Samuel Baum y basada en el trabajo del psicólogo Paul Ekman, es lo primero que se me viene a la mente cuando me entero de la llegada a nuestro país del Center for Body Language Argentina, un instituto que tiene su casa central en Bélgica y que se dedica a la capacitación en lectura de microexpresiones. Las mismas herramientas que utiliza el doctor Lightman, pero aplicadas en otros ámbitos. El objetivo acá son los negocios, y los representantes locales de la firma belga aseguran que tener conciencia del lenguaje corporal y la capacidad de interpretarlo mejora la comunicación entre un 60 y 80 por ciento, enriquece los resultados en el ámbito laboral y potencia los negocios.

Escéptica y curiosa. Así asisto con un pequeño grupo de colegas (todos con el mismo ADN de periodistas) al curso que promete enriquecer nuestras habilidades en la lectura de las microexpresiones. Laura Justicia, psicóloga y directora de Signum -Gestión del Lenguaje Corporal- y representante exclusiva de Center for Body Language Argentina, refuerza la importancia que puede tener el desarrollo de esta habilidad para alguien encargado de seleccionar personal; para un gerente o un directivo de una empresa; para un médico, un vendedor o una persona que deba ocuparse de la gestión de conflictos, presentaciones en público, rendimiento de equipos, consultoría, coaching o cualquier otro tipo de negociación.

“Saber detectar a tiempo las microexpresiones faciales durante una charla o entrevista permite redireccionar un discurso, ser más empático con un cliente, enriquecer un diálogo, anticiparse a conflictos y percibir mejor lo que otros sienten, algo que siempre es una ventaja significativa en procesos de ventas y negociaciones”.

No cumplo con ninguno de esos roles, pero aplicar la técnica en situaciones personales me resulta igual de interesante. Según nos dice la experta, entrenarse en esta práctica posibilita detectar incongruencias entre lo que alguien dice y lo que verdaderamente piensa. “Algo que es fundamental en el ámbito laboral y de negocios. Para un manager será clave para entender los conflictos dentro del equipo, para relacionarse más eficazmente con sus colaboradores y conseguir mayor cohesión dentro del grupo. También los profesionales de recursos humanos que deban contratar personal tendrán más herramientas en su poder para contrastar la idoneidad de las personas respecto de los puestos de trabajo y maximizar el rendimiento de las entrevistas. Ayuda, en varios aspectos, a ver siempre un poco más allá, a ser un líder más carismático y comprensivo”, insiste Justicia.

Ok, pienso, es lógico y de sentido común. Pero en mi cabeza sólo rondan situaciones personales, y me divierte pensar que puedo descubrir una inconformidad que pretenda disimular mi pareja, un enojo o desprecio de mi jefe y una mentira piadosa (o no tanto) de alguien de mi círculo íntimo.

Primera prueba: en la pantalla de TV aparece un segmento del programa La voz donde Shakira, como jurado, hace todo tipo de gestos al escuchar a una de las participantes interpretar uno de sus hits, “Loca”. ¿Qué ven?, pregunta Justicia. Para quien no haya visto el video, y sin saber nada de lectura de microexpresiones, la cara de Shakira dice muchas cosas. “Está claro que no le gusta nada”, dice alguien. “Pone cara de susto”, dice otro. “Le parece horrible, como si estuviera arruinando su canción -retruca otro alumno del curso-, pero igual después la vota.”

Es cierto, hay un poco de todo eso, coincide Justicia, “y también una clara incongruencia entre lo que siente y lo que luego hace, al darle su voto”. Pero la habilidad está en desgranar cada uno de esos gestos involuntarios de apenas medio segundo para aplicarlo en otras situaciones, menos barrocas y más cotidianas. Para los ojos de nuestra entrenadora, se puede descubrir en los gestos de Shakira un total de tres microexpresiones. Cejas levantadas, curvas y elevadas. Piel estirada debajo de las cejas. Párpados abiertos, párpado superior levantado y párpado inferior bajado; el blanco del ojo suele verse por encima del iris. Es decir, sorpresa. Pero hay más. Y en el análisis cuadro por cuadro, en cámara lenta, se descubre a la cantante con las cejas bajas y contraídas al mismo tiempo. Los párpados inferior y superior tensos; la mirada dura en los ojos y los labios continuamente apretados, con las comisuras rectas. Es decir, bronca o ira. Y una más, justo en el preciso instante en que decide apretar el botón rojo que dice “I want you”. Se la ve con el labio superior levantado y el labio inferior empujando hacia arriba el labio superior. Nariz arrugada y cejas bajas, empujando hacia abajo al párpado superior. O lo mismo que decir “asco”.

Luego, una serie de situaciones breves representadas por un hombre y una mujer (los fundadores belgas del instituto) forman parte del entrenamiento visual que dicta Justicia. Confundir felicidad con desprecios, aunque parezca extraño, es uno de los errores más comunes. Pero con la práctica se aprende a diferenciar, y la sutileza está en los labios, ya que en la expresión de felicidad las comisuras van juntas hacia atrás y arriba, y vuelven a la par. Mientras que en el desprecio, aunque sólo sea una milésima de segundo, la sonrisa es despareja.

Fantasear con la chance de pescar in fraganti a mi entorno sigue rondando mi cabeza. Algo similar también sucede en Lie to me, porque la habilidad de Lightman se plantea en la serie como una virtud y, a la vez, una maldición. El personaje considera que tanto la familia como los amigos se engañan entre sí con la misma facilidad con que lo hacen los delincuentes, y su interés por descifrar las incongruencias de los demás llega a perturbarlo en su vida privada. El experto convive con un profundo remordimiento por no haber podido prevenir el suicidio de su madre. Entonces, quiero saber: ¿existe el riesgo de trasladar de forma obsesiva la técnica aprendida a la vida cotidiana? “Como en toda ficción, hay ciertas exageraciones en la serie tanto en las habilidades del personaje como en la posibilidad de llevar el método a la vida privada. De todas maneras, creo que es un conocimiento que hay que aplicar con madurez para no perder la espontaneidad en una charla cotidiana. Yo no estoy detectando microexpresiones todo el tiempo. Sería tan trillado como el que cree que el psicólogo está analizando a cualquiera cada vez que entabla una conversación”, recomienda Justicia.

El último tramo de la exposición tiene como protagonista el lenguaje corporal, la comunicación no verbal como la verdadera transmisora del mensaje. Entre algunos tips está el apretón de manos, una forma simbólica de mostrar quién lleva los pantalones en ese saludo, un gesto de poder. Lo que equivale a decir que la persona que se encuentre en superioridad será la que dé el apretón de manos con su palma dirigida hacia abajo y el dorso hacia arriba. De esta forma, obliga al otro a estrecharle la mano dejandola por debajo. O el más curioso de todos, ¿por qué cuando alguien miente se rasca la nariz? Dicen que está científicamente comprobado, y que ese micropicor sucede en el momento exacto en que la mentira sale de la boca.

Pocos días después, y charlando entre amigos, detecté cómo alguien muy cercano a mi entorno se rascaba la nariz justo en el preciso instante en el que inventaba una excusa para no asistir a un evento al que estaba siendo invitado. Me creí una experta y logré mi cometido: aplicar la técnica en una situación real de la vida cotidiana.

No crece, pero la nariz cambia su temperatura. Por eso, dicen, pica. El efecto Pinocho existe.

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